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lunes, 11 de julio de 2016

Comprobado: Usar el celular a oscuras no te va a dejar ciego


La ceguera transitoria o ceguera fugaz es un problema de salud común, que puede estar causado por la ausencia de circulación en la retina o por otros motivos. Un trabajo publicado hace unos días en New England Journal of Medicine reportó dos casos de ceguera transitoria en mujeres que habían utilizado sus smartphones por la noche. ¿Significa esto que los teléfonos móviles suponen algún peligro para nuestra vista?
El Dr. Rubén Pascual, responsable de la sección de Oftalmología infantil y Estrabismo en el Hospital San Pedro en Logroño y autor del blog divulgativo Ocularis, explica los resultados de un nuevo estudio para saber si es necesario tomar medidas de precaución para evitar los efectos que recogen en el trabajo. En particular, la investigación muestra dos casos de ceguera transitoria en una mujer de 40 años, que sufría episodios de ceguera fugaz quince minutos después de levantarse durante un período de medio año, y de una joven de 22 años con ceguera transitoria nocturna. Los análisisdemostraron que ninguna de las dos presentaba problemas de tipo vascular que pudieran explicar esta pérdida de visión.
“Cuando los pacientes fueron estudiados en nuestra clínica neuro-oftalmológica, se observó que los síntomas ocurrían únicamente unos minutos después de haber estado viendo la pantalla del smartphone en la oscuridad, mientras reposaban en la cama (antes de ir a dormir en el primer caso, y después de levantarse en el segundo). […] Ambas señalaron que los síntomas siempre ocurrían en el ojo contralateral al lado en el que estuviera apoyado el paciente”, explican en el estudio.
El artículo de New England Journal of Medicine, una de las publicaciones médicas más importantes, sugiere que la utilización, cada vez más frecuente, de los teléfonos en la cama cuando estamos acostados de lado -y por tanto no vemos la pantalla con los dos ojos, sino sólo con uno-, puede provocar problemas de este tipo. Especialmente al estar mirando fijamente pantallas con un brillo cada vez mayor para compensar la luminancia ambiental de fondo y permitir una fácil lectura.
“Que hayan encontrado dos personas que lo asocian al uso del móvil no establece una relación causal. Puede ser que en ese mismo centro haya cinco personas que sufran de pérdida visual transitoria después de pasear, y no debemos concluir que los paseos son malos”, explica Pascual a Hipertextual. El oftalmólogo critica la posibilidad que plantean por el diseño del estudio. “Hubiera sido útil realizar pruebas en estas dos mujeres que aportaran más indicios para la hipótesis propuesta, además de la correlación temporal. Es decir, podrían haber probado unos test sencillos (leer en una pantalla de ordenador con un ojo tapado durante unos minutos), así descartas algunos factores como la posición del cuerpo (estar tumbado puede favorecer alteraciones del flujo sanguíneo). Se puede jugar con la iluminación y la proximidad de la fuente de luz, a ver si se reproducen los síntomas”, enumera. A su juicio, sin este tipo de pruebas, la teoría que proponen en el artículo queda un poco “huérfana”.
 En opinión del especialista consultado por este medio, los casos presentados podrían tratarse de un problema de deslumbramiento o, dicho de otro modo, de “una asimetría en la adaptación a la oscuridad”, en la que “el móvil juega un papel principal”. Para nuestra tranquilidad, estas situaciones son bastante conocidas en el mundo de la oftalmología. El uso de la oclusión ocular -el famoso parche- se emplea por ejemplo en niños con el ojo vago y en adultos que hayan tenido alguna úlcera, presenten visión doble o se hayan sometido a una cirugía. “Cuando llegan por la noche y se quitan el parche, resulta que el ojo recién destapado ve fenomenal con luz tenue y el otro ojo ve mal”, explica Pascual. También ocurre al realizar una prueba para estudiar el fondo de uno de los dos ojos, cuando el paciente deja de ver por el otro durante unos minutos. Para explicar la adaptación asimética a la iluminación ambiente, Rubén Pascual pone como ejemplo una situación muy frecuente en verano:
Vuelves de estar toda la mañana en la playa, día soleado. Entras en el apartamento, es mediodía pero has cerrado todas las persianas para que no entre el calor. Según cruzas el umbral de la puerta, no ves nada. Tus ojos están totalmente adaptados a la luz intensa, con el umbral de sensibilidad muy alto. La luz tenue que hay en el piso, apenas lo que se cuela por las rendijitas de las persianas, no son suficientes para estimular tu sistema visual. Estás totalmente a ciegas. Si resistes la tentación de encender la luz eléctrica y te sientas en el sofá a oscuras, pones a trabajar a tu sistema visual a toda prisa para adaptarse a la oscuridad. Dentro de cada receptor de tus retinas aumenta la producción de opsinas (las moléculas fotosensibles). En tu cerebro estaba “desconectada” la información visual de la luz tenue y sólo estaba operando la de la luz intensa; ahora se pone a trabajar para “hacer consciente” la información que ahora necesita. En pocos minutos, estás adaptado a la oscuridad y te sorprendes lo bien que ves en penumbra, a pesar de que justo al entrar no veías nada. Esta adaptación es la “normal”, la “natural” y te recuperas de forma relativamente rápida.
En la adaptación a la luz y la oscuridad, existen dos partes diferenciadas: la retiniana y la del cerebro. El papel que juega la retina es más conocido y su funcionamiento es independiente de cada ojo. Sin embargo, el rol del cerebro es menos conocido. “Probablemente es menos importante que la primera”, explica Pascual, aunque la parte cerebral no funciona bien en los casos de asimetría. A su juicio, los dos casos que presentan en el trabajo se relacionan con una situación de este tipo.
“Si un ojo ha estado un buen rato mirando el móvil, recibe luz directa y muy cercana al ojo. Está adaptado a la luz, más o menos como si estuviera por la calle de día. El otro no. Cuando apagas el móvil, la habitación está con poca luz. Para el que antes estaba tapado, sin problemas. Para el que estaba leyendo en el móvil, sí. Tardará unos minutos en adaptar su retina. Pero el cerebro se adapta mal, porque a él ya le llega una información correcta por un ojo, por lo que no tiene que hacer mucho esfuerzo adaptativo por su parte. Probablemente la recuperación del ojo mal adaptado sea más lenta que el ejemplo de antes de la playa y elapartamento”, sostiene el oftalmólogo y divulgador científico.
Fuente: Noticia al Día 

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