viernes, 21 de abril de 2017

Maduro el “todopoderoso”: Las atribuciones regaladas que no han solucionado la crisis

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El poder que ha amasado el presidente Nicolás Maduro es innegable. Al mandatario se le aprobaron un total de tres leyes habilitantes desde 2013; un decreto de Emergencia Económica, prolongado en seis oportunidades; y, ahora, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) le ordena tomar las “medidas necesarias” para evitar un Estado de Conmoción.

Esta nueva sentencia se une a un hecho que ya parece común en el país. Y es que desde que la oposición tomó el control de la Asamblea Nacional, el Judicial ha concedido al Ejecutivo todo lo que le ha solicitado. Pero, ¿qué tanto poder necesita el presidente?

Mucho poder, poca habilidad

Por los momentos, ninguna de las acciones llevadas a cabo por el mandatario a través de estas atribuciones han surtido el efecto deseado. El decreto de Emergencia Económica es un claro ejemplo de ello.

La medida, adoptada inicialmente en 2016, pretendía evitar un mayor colapso de los distintos problemas que aquejan al país, como la escasez y la inflación, otorgándole al jefe de Estado y a su gabinete amplias facultades sobre la economía criolla. Sin embargo, ninguno de estos problemas se han solucionado. Al punto que Venezuela cerró el año pasado con una inflación valorada por encima de 800%.

“Maduro no ha hecho nada con todas las atribuciones que tiene porque el problema no es de poder sino de capacidad, visión, de modelo de desarrollo y de habilidades para generar políticas públicas que saquen al país de la crisis”, asevera el abogado constitucionalista Juan Manuel Raffalli.

Aún así, la sentencia del TSJ publicada este martes parece otorgar mayores facultades al presidente. En ella se le “sirve la mesa” al mandatario para salirse de la Organización de Estado Americanos (OEA) y aislar al país internacionalmente si lo estima conveniente. Además de poner en riesgo a la inmunidad parlamentaria.

La nueva norma habilita al mandatario a revisar una serie de leyes penales para de esa forma poder “cuadrar las actitudes de traición a la patria de los diputados que aprobaron el acuerdo que se anuló en apoyo a la aplicación de la Carta Democrática“, explica Raffalli.

No obstante, cuestiona que realmente se le esté dando más poder a Maduro debido a que ya el jefe de Estado cuenta con todas las atribuciones que desea gracias a la falta de independencia del Judicial el cual, el abogado señala, parece fungir como “un ministerio más”.

Por ello, alega, la nueva sentencia de la Sala Constitucional es solo “una fanfarronería”. “Esto lo hace con carácter amenazante para verse más poderoso, pero la verdad es que él no necesita de la sentencia para nada de eso”.

Por encima de todo

De acuerdo con el politólogo Gabriel Reyes, el pronunciamiento del TSJ resulta “inédito” debido que establece una serie de premisas que permitirían al Ejecutivo ir más allá de lo que está establecido en la Constitución.

“El Estado de Conmoción está definido y acotado, y en este momento no se puede considerar que tal situación justifique la autorización y los poderes que está recibiendo el presidente”, sostiene.

Las palabras del experto se basan en que la Constitución venezolana establece en su artículo 338 que “podrá decretarse el estado de alarma cuando se produzcan catástrofes, calamidades públicas u otros acontecimientos similares que pongan seriamente en peligro la seguridad de la Nación, o de sus ciudadanos”. Pero este no parece ser el escenario actual.

De hecho, la excusa del máximo tribunal para llevar a cabo la sentencia son los recurrentes llamados que se hacen desde la OEA para aplicar la Carta Democrática a Venezuela.

“La Constitución establece normas claras de acatamiento obligatorio por parte de quienes ejercen los cargos de responsabilidad. La interpretación de la ley para sacar de su contexto lo que en ella se expresa constituyen una afrenta contra el Estado de derecho y el orden constitucional”, subraya Reyes.

Por esta razón, alerta, “debemos estar muy cautelosos sobre el alcance ejecutorio que estas medidas sobredimensionadas puedan materializar en los próximos días”, ya que aún se desconoce si estas acciones “forman parte de una estrategia de disuasión o si efectivamente constituyen los elementos fundamentales de una estrategia política de acción a corto plazo por parte del Gobierno”.

Con grandes poderes vienen mayores responsabilidades

Pese a ello, el abogado Raffalli mantiene que ejecutar la sentencia del TSJ “es lo peor que puede hacer Maduro contra sí mismo”.

“A Maduro no le conviene meter presa a toda la directiva de la AN ni a los diputados opositores ni aislar a Venezuela internacionalmente. Eso sería lo peor que pudiera hacer”, resalta.

Ciertamente, de hacerlo, el presidente se estaría arriesgando a quedar como un dictador ante una opinión pública internacional que ya pone en entredicho la labor de su Gobierno gracias a las constantes denuncias sobre violaciones de derechos humanos en el país. Algo que le ha costado estar en evaluación ante sus pares de la OEA.

¿Realmente es Maduro quien lleva el poder en Venezuela?

De cualquier modo, Maduro no parece ser el único que lleva las riendas del país. Otros personeros del oficialismo han exhibido en diversas oportunidades una buena cuota de poder dentro del Gobierno.

Muchos nombres pueden barajarse en esa carta. Tareck El Aissami, quien cuenta con al menos 15 atribuciones propias del mandatario; Diosdado Cabello, cuya actitud siempre va en tono amenazante contra la oposición; o el alcalde Jorge Rodríguez, quien inició las investigaciones que dieron punto final a las aspiraciones de un referéndum revocatorio en 2016, han hecho gala de su posición dentro del alto mando.

Para el politólogo Reyes, esta situación se debe a que por su falta de impronta personal el heredero del expresidente Hugo Chávez, Nicolás Maduro, ha requerido del apoyo de otros actores dentro de su misma corriente.

“Es allí donde emergen estas figuras que no solo son representantes del régimen sino que son voceros con autoridad, o que pareciera que la tienen. El tema es muy complejo porque esto trascendió más allá de la voluntad de un hombre para convertirse en la voluntad de una causa, donde los causahabientes son los que ejercen el control de la situación”, concluye.

Fuente: http://www.caraotadigital.net